Más de alguno ha pensado que la mejor solución tras haber utilizado un sartén es tirarlo de inmediato al agua fría, sin embargo, es un gran error. Esto se debe a que se genera un cambio drástico de temperatura que puede terminar dañando el metal con el que está fabricado este utensilio.

Según señalan algunas marcas, la mayoría de las ollas y sartenes, están fabricados con varias capas de metal, tales como, acero inoxidable, aluminio, y en algunos casos otros productos cuentan con un revestimiento antiadherente o esmaltado.  Estos compuestos no generan ningún riesgo cuando se calientan o enfrían de manera gradual, no así cuando esto cambia drásticamente. En este caso, el sartén podría incluso llegar a deformarse, evitando que se genere el calentamiento por igual o incluso se desprenda el revestimiento antiadherente, ocasionando que queden restos de material en la comida.

Por esto es recomendable que dejes que el sartén se enfrié sobre la cocina o quizás sobre una tabla de madera, permitiendo que poco a poco baje la temperatura de este, sin alterar el proceso, así lograrás extender la vida útil de este práctico y necesario utensilio de cocina.

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